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Martes 12 de Febrero, 8.30 a.m.
Queridos alumnos,
Las estrellas nacen extinguiéndose. Morir es lo único que hacen
desde el eón remoto en que aparecieron. Tristes galaxias. Deberíamos
llorar cada mañana por nuestro pobre Sol agonizante. Sirio, Mízar,
Cástor, Lira y Orión languidecen en sus constelaciones como
versos lanzados al viento y olvidados. Toda su enormidad se concentra en morir,
en apagarse. Los planetas, nuestra querida Luna, meteoritos, cometas y asteroides
van perdiendo su ser, desmenuzándose, en un polvo estelar que por disperso,
es sin duda aún más solitario que el polvo de las tumbas aquí
abajo.
La Tierra es un sepulcro, un gigante erial de quarks y de moléculas
que tiende hacia la nada. ¿Qué será de los ríos
y montañas, de los lagos y de los jardines, de los mares y de las colinas,
de las pobres ciudades de los hombres cuando el infinito ya no exista? La
Tierra, el hogar de estos pobres y ridículos seres que creyeron ser
un día el centro mismo de todo lo creado, está enfriándose.
Su corazón de hierro al rojo vivo va perdiendo latidos poco a poco.
Llegará a ser solamente un punto más en la inmensidad de los
espacios siderales y después de eso, NADA.
Mientras tanto, en un acto de suprema rebeldía, de resistencia al
caos que ha de vencerla, la tierra se esfuerza creando en sus entrañas
reductos de belleza, cristales tan perfectos que sólo con mirarlos
los dioses llorarían. Cuarzos, diamantes, piritas y rosas del desierto.
Órdenes naturales que desafían la anarquía reinante.
Un último alarde de poesía.
La Tierra es luchadora. Organizó hace tiempo átomos de carbono
en mágicos combinados dotados de vida, de posibilidad de recrearse.
Cada bacteria es un milagro, cada virus, un grito que clama la injusticia
del mayúsculo desconcierto universal. Y así, toda la evolución
hasta los hombres, ensayos a su vez, que olvidan tantas veces la pequeñez
de sus pobres miserias comparadas con la tragedia del Tiempo y del Espacio,
que al adquirir conciencia de su ridiculez, no pueden asumirlo y se ven desbordados
por la universal confusión que los rodea. Apenas albergan dudas sobre
la inexistencia de un Destino y se vuelven inseguros y cobardes.
¿Cómo no van a ser absurdas nuestras vidas cuando el Universo
entero está confabulado y tiende al desorden absoluto?
Sin embargo, en su efímera presencia en la Eternidad del Cosmos, donde
apenas son nada en un mundo agonizante, los hombres también tienen
posibilidad de rebelarse, porque os digo, queridos alumnos, que al igual que
la Tierra clama en joyas, en geometrías hirientes para el Caos, así,
cada verso o cada sonrisa, cada demostración de Amor o de Belleza son
cuchillos que por un momento, quiebran el devenir hacia la muerte del Orbe
conocido, que crean con su magia, burbujas de aislamiento de la confusión
externa y devuelven al mundo la esperanza, que esos gestos que nos pertenecen
aumentan la entalpía del Universo violando las leyes de la Física.
Y es posible que un día, si la humanidad entera sueña un Orden,
la Inercia destructora se vea derrotada y la Tierra descubra la Armonía.
Queridos alumnos, hay que vencer la Entropía.