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| si la hubieras visto cómo caminaba | |||
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| el geógrafo | |||
Si la hubieras visto cómo caminaba, la cabeza tan alta,
los sueños al frente... En su negritud, parecía una novia, tanta
luz irradiaban sus pupilas inmensas.
A su paso las selvas se desvanecían, le rendían honores mientras
avanzaba.
Se apartaban las piedras de sus pies doloridos, el polvo la envolvía
pero no la tocaba, formando una aureola como las de las santas. Parecía
tan llena de alegría y de gracia mientras acariciaba la frente sudorosa
del niño que, a su espalda, dormitaba en silencio. Algo en su porte esbelto
dejaba adivinar la quietud de la piedra, presintiendo esculturas de piedades
y mártires:
Se inclinaron los árboles ante la grandeza de una madre exiliada.
Caminó largamente por el mismo paisaje, las noches y los días
perdieron su sentido. Dejaron de importarle las moscas y las ramas. Cincelaron
sus carnes los martillos del hambre mientras buscó cobijo. Olvidó
a dónde iba. Sus ojos se escondieron cada vez más oscuros y
siguió caminando. Y hubo un momento último que impidió
que encontrara la cabeza del hijo caído para siempre. El arroyo travieso
que gritaba entre piedras quedó un instante quieto y lloró con
sus perlas de agua de la sabana la tristeza del mundo que alumbró otra
desgracia