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J’ai tant rêvé de toi que je perds ton image...
(P. Élouard)
Te soñé tantas veces que he perdido tu imagen. Te soñé
tantas veces que tus gestos se fueron desgastando con mi roce, como las fotografías
antiguas. Empecé a sospechar que yo te había inventado cuando
no me quisiste, un tú real no habría sido capaz. Y cuando me
dejaste (tal vez perdí la magia que te mantenía vivo a mi costado)
la lluvia empezó a borrar tu rostro y empañó tu mirada.
Pensé que podría mantenerte indeleble en mi refugio, pero los
años pasan también por mi recuerdo y, a medida que las horas
caen sobre la espalda que yo tanto quise, me hundo sin remedio en la flojedad
del asfalto que, sin ti, se niega a sostenerme.
No había nada que me hiciera levantar el vuelo cada mañana,
salvo tú. Y ahora que te tengo aún menos, ahora que ni siquiera
existes, mi densidad mortal me vence en la alborada y me arrastro hasta el
final del día. No puedo despegarme de los sueños. Me cuesta
abandonar mi duermevela y ser real como los edificios. Me tengo que tocar
para creerme. Vago por la ciudad, inodora e insípida, sin aliento ni
fe: Hasta creo que me estoy volviendo un poco transparente. ¿Qué
has hecho de mi esencia? Me noto tan vacía, que estoy dejando poco
a poco de sentirme. Me cuesta reconocerme en los espejos, que me reflejan
con el rostro de un fantasma. Hollaste tan profundo en mi interior que nada
puede devolverme a mi forma originaria. No me encuentro las uñas al
final de los dedos y hace días que perdí las pestañas.
No lo dudo: estoy desvaneciéndome; apenas tengo fuerzas para recordarte
y creo que me pierdo con tu ausencia. Olvidé tu sonrisa y mi boca se
está desdibujando.
No había nada en el mundo que yo quisiera más, no hay nada
que ahora quiera. Te amé tanto que el amor sostuvo mi existencia, que
fui tan sólo por que te quería.
Te amé tanto que el día en que despierte sin tu nombre en mis
labios, desaparecerán mis apellidos de todos los registros. No añadirán
“falleció”, ni “desaparecida”: se borrarán
todas las referencias que de mí hubiera habido. Dejaré de constar,
así de simple. Lo sé porque en el mismo instante en que olvidé
el color de tus ojos, los míos se difuminaron y nadie se atreve ya
a mirarlos. Me nublo a medida que tu desapareces.
El día que olvide tu nombre será porque nunca he existido.