| Alvaro Fernández,
viajes. |
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| Nos vamos de excursión
(Marruecos) Parte I |
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Protagonistas:
Arabel Sánchez (la seño Arabeli)
Alvaro Fernández (narrador)
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| Presentación |
En navidades de 2003 viajamos a la
zona Sur de Marruecos, de Marrakech a Erfoud haciendo la llamada "ruta
de las mil kasbahs". Un viaje al interior del país rojo,
en su zona más desértica que nos permitió conocer
algunos lugares maravillosos, como la garganta del Todra, las casacadas
de Ouzoud o el desierto de arena en Merzouga. En el tintero se nos
quedó la escalada y el trekking por el atlas que promete, otra
vez será. En comparación con el Norte resulta mucho
menos poblado (nada que ver con las ciudades imperiales) y también
menos agobiante. Por las carreteras, malas como siempre, se circula
de lujo porque están vacías. La gente es entrañable
(salvo los que viven del turismo claro) y hay muchas facilidades para
viajar plácidamente. Como aliciente extra para nosotros era
la primera vez que viajábamos fuera de España juntos
y a nuestro aire. El resultado, a pesar de alguna dificultad fue sobresaliente.
Recomendamos visitarlo antes de que las cadenas hoteleras extranjeras
y los viajes organizados lo conviertan en un lugar inaccesible al
bolsillo y pierda su encanto. Por suerte las puestas de sol son indestructibles...
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| 18-Diciembre-2003-Jueves |
No me puedo dormir. Ya he ido tres
veces a hacer pipí para salir de mi cuarto y me da susto estar
a oscuras.
Y ningún mayor sabe algún truco para dormirse automáticamente,
no hay pastillas ACME para hacer chaf y estar frito. Y mira que hacen
pastillas para todo... Mi mamá se toma un montón de
ellas todos los días, de colorines y todo, pero son para otras
cosas que son a-sun-to de ma-yo-res.
Me han dicho que si abres mucho la boca y la tienes así,
aaaaaaaaamm como si te fueses a tragar una pelota de tenis,
por mucho, mucho rato, empiezas a bostezar y bostezar y luego te
duermes de tanto bostezar, pero a mi no me funciona porque no hago
más que llorar de tanto bostezo y no me duermo nada de nada.
También me dicen que no piense en nada, están locos,
cuando no quiero pensar en algo pues voy y pienso en otra cosa y
a ver, para no pensar en nada pienso en aviones y ya me veo cayendo
en picado, con un ala en llamas, activando los atuladores del glopostrato
pulsando botones del panel del techo con el pugar y oigo los gritos
de la tripulación, que no quieren morir, que tienen hijos,
mientras entra la azafata Arabeli que se desploma a mis pies, me
agarra de la pernera del pantalón, exclamando no quiero
morir sin antes beber de la miel de tus labios, Comandante Alvaro
Hosé. Con mirada fría, activo el micrófono
para hablar también con el pasaje y la miro a los ojos.
-Sé que todo parece perdido, que a vuestros ojos ésta
es la peor pesadilla que podáis recordar. Pero sabed, y esto
lo digo con el corazón en la mano, que el Comandante Alvaro
Hosé ha pasado por situaciones que hacen parecer a ésta
una historieta de Candy-Candy, como cuando se me murió la
cobaya o la tonta de Elena me dejó el día de mi cumple.
Aún con la mirada en la de Arabeli, apago el micrófono,
la levanto virilmente, la zarandeo un poco, aun así,
no puedo rechazar tu oferta y le estampo un beso que la hace
estremecer, iluminada por la luz del fuego.
Como para dormirse...
Y cuando no estoy pensando trucos para dormirme, me pongo a repasar
las cosas que tengo que llevarme. ¡No os lo he dicho! ¡Mañana
me voy de excursión! Me voy con los chicos del grupo juvenil
Bosque Alegre a ver árboles de hoja peremne durante unos
días. Estoy más contento... Y me llevo una brújula,
que te dice por dónde tienes que ir para ir arriba, y un
cuchillo (secreto, ¿eh?), el saco de dormir, el chubasquero,
la linterna, calcetines, dinero, cerillas, panta... lo... nes, el
ce...pi...llo de dien... tZZZZZ
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| 19-Diciembre-Viernes |
Qué nervios...
Ahora me llevará el Tito Oscar a coger el autobús. Mamá
que si sea bueno, que si me porte bien, que si coma mucho, que si
haga caso a la señorita...
Cogemos la mochila y nos vamos a la estación. Pese a que vamos
bien de tiempo, el coche de Tito Oscar parece ir extraordinariamente
despacio, como en esos sueños en los que alguien te presigue
y tú vas a pedo-burra...
Tito Oscar me deja en la puerta de la estación (dificil aparcar)
y confía en que yo vaya hasta el bus que me llevará
hasta donde nos reuniremos con la señorita. No veo a ninguno
de mis compañeros, así que me subo al autobús
y cojo postura.
Lejos de aparecer mis compañeros, se suben al bus una manada
de desconocidos y partimos, rumbo a Soria según el señor
conductor.
Como no podía ser de otra manera, empiezo a cantar aquello
de el señor conductor a naciiiiiiiido, ha naciiiiiiiiido...
con escaso éxito; sin mis compañeros no funciona y el
pasaje me mira con los ojos del perro de los Simpsons.
El viaje está siendo más largo de lo que pensaba,
llevamos cinco horas y me siento algo confuso. ¿Me llevará
este bus al punto de encuentro? ¿Estarán aún
allí los muchachos y la seño?
Nadando entre mis dudas, llegamos a una estación, Avenida
América. Me mantengo alerta.
No veo a nadie conocido, pero en seguida me asalta una agradable
señorita que me besa y me reconforta, a la que identifico
como la seño. Intuyo también que no ha venido ningún
compañero a la excursión (quizá se rajaron
al saber que el viaje iba a durar tanto). Sin perder tiempo, salimos
rumbo a su casa a pernoctar, ya que es mañana cuando salimos
a ver árboles, según parece.
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| 20-Diciembre-Sábado |
La seño Arabeli no ha preparado
su petate, pero no me importa. No me importa porque hemos vivido un
romance apasionado y voluptuoso que se ha extendido hasta casi la
hora de comer (y eso que es mucho mayor que yo, si es que soy irresistible...)
Con respecto a la excursión, parece ser que nos vamos a ir
muy lejos, pero lejos, lejos, hasta un sitio llamado Marruecos en
el que ni siquiera hablan español, a ver cosa de Mil Kasbahs,
que digo yo que serán de hoja peremne, que si no a ver...
Y a ello nos ponemos, conseguimos cierto material (tienda, sacos,
esterillas, sábanas de franela...) y nos vamos al aeropuerto.
Allí la seño Arabeli se encuentra con un amigo, un profe
de historia que se llama Peter Schillin al que no veía desde
la última vez. Y esa vez fué la primera, en la India
ni más ni menos.
Como es majo, hacemos migas y nos cuenta que estará el 31 de
Diciembre en el hotel Suerte loca en Sidi Ifni por si nos chana tomar
algo, cosa que consideramos seriamente.
El avión aterriza en Casablanca, hacemos un trasbordo para
ir hasta Ouarzazate, nuesto destino.
Alli, a eso de las 23:30 sellan nuestros pasaportes los aduaneros
más dicharacheros de entre los aduaneros dicharacheros y pasamos
a recojer el equipaje.
Es muy diver, tienes que ponerte cerca un circuito estilo Scalextric
y esperar a que pase tu maleta. Entonces te lanzas a por ella.
La seño Arabeli coge la que es común, con el saco, la
tienda, etc., luego pasa la suya y yo sigo más tenso que el
cinturón del muñeco de michelín.
La gente coge maletas y más maletas, y yo no pierdo de vista
ninguna, me lloran los ojos de no parpadear, los dientes de apretar
la mandíbula, los oídos de analizar los comentarios
de mis rivales, pero sigo en guardia.
La seño Arabeli me informa de que estamos solos y de que la
maleta puede estar en Indochina si te descuidas, así que vamos
a protestar, pero nos quedamos sin mi maleta (ropa, lentillas, gafas,
cargador de móvil, accesorios varios, neceser, ...TODO!)
Los tipos del alquiler de coches que había contratado la seño
sí están y nos dan las llaves del Clio y nos guían
hasta el hotel Mabruka, en OUARZAZATE.
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| 21-Diciembre-Domingo |
Tras desayunar, vamos por primera
vez al exterior y de dia. Queremos llamar al aeropuerto para ver si
tienen mi maleta. El ambiente es cañero, todos van en bici,
en moto o andando, o en vehículosviejos que te cagas y uno
ya empieza a dar la vara
-¿Españolos?
Llamamos y no hay rastro, así que decidimos ir a pasar el dia
a Aït Benhaddou (Kasbah enorme) y hacer tiempo para que aparezca.
Marchamos por una carreterucha y vemos a mucha gente, trabajando o
sin hacer nada, coches bicis... de todo.
Paisajes desérticos con las cumbres nevadas del Atlas al fondo
y custas chulas.
Llegamos a Aït Benhaddou, aparcamos en el hotel La Kasbah y nos
adentramos por unas callejuelas con puestos que apuntan a la fortaleza
de adobe (¿gigante con los pies de barro?). Todos los tenderos
(todos) te hablan e instan a que veas su puesto.
Para cruzar el río, solicitamos los servicions de unos chóferes
de burros. Por los dos, ida y vuelta, 25MAD (dirhams). Como no sé
si es menester regatear, vamos a ellos, cosa que resulta complicada,
eso de ir tres en un burro...
Una vez en tierra echamos a andar y un crío se pone a caminar
delante y nos guía por la kasbah que es guapa-guapa. Nos acaban
liando para entrar por un sitio que resulta ser una casa particular
en la que nos sacan 10MAD por cabeza. Y bueno, las vistas molan. Luego
nos enseña el resto, la seño le da un par de dirhams
y nos despedimos para ir a un puesto de pinturas que eran espectaculares.
/primer combate en regateo cuerpo a cuerpo/
resultado --> Yo pierdo.
450MAD, yo había pensado un máximo de 400 y pidió
700, pero me llevo un cuadro realmente bonito, el tío es
un hacha.
Después seguimos al norte para ver una kasbah más
adelante, pero antes de llegar paramos a papear en Defat Kasbah
un delicioso tajine (guiso) de kefta (albóndigas de cordero)
y té y tal. El garito es de españoles pero lo atienden
unos marroquíes que son muy majos, se sientan con nosotros
a hablar y tal. Tampoco tienen mucho donde elegir por que somos
los únicos clientes.
Tras la pitanza salimos a pie hacia la kasbah y nos acompaña
un marroquí al que bautizamos Manolo (a su amigo le bautizamos
Paco) después de que ellos nos llamen Fátima Cuscús
(la seño Arabeli) y Mohamed Tajine (servidor).
Pateamos charlando hasta la fortaleza, muy bonita, donde rehusamos
pagar 10MAD por entrar a una parte privada. Por lo menos esta vez
nos avisan antes de entrar... De vuelta hablamos sobre pernoctar
allí, en el albergue-restaurante, pero antes nos damos un
paseo por otra zona, un pueblito rural a tope y nos subimos a un
montecillo para ver atardecer.
En el hotel charlamos hasta la cena con Paco y con otros que se
sientan y se marchan. Nos preparan otro Tajine pero de pollo buenísimo
y lo comemos escuchándoles tocar música marroquí
desde la cocina, lo hacen bien... Nos amenazan con venir a hacer
la fiesta al comedor cuando acabemos de cenar, cosa que me entusiasma,
pero al final vienen todos a contar chistes. La seño Arabeli
tiene la delicada labor de traducirme casi todo, ya que yo no hablo
casi nada de francés. Todos los chistes son malos que te
pasas, pero en gabacho son más graciosos. Me animo a contar
el de la prisión en la que los presos numeran los chistes
(traduciendo la seño) y, además de alargarse más
que la saga de pesadilla en Elm Street, no les hace ni puñetera
gracia.
Hechos polvo, nos vamos a dormir, que ya hemos montado la tienda
de campaña, pero antes nos medio-aseamos con toallitas de
bebé, ya que yo no me he cambiado de ropa aún (cortesía
de Royal Air Maroc).
-Frío-
-Incómodo-
-La camiseta torera que me ha prestado la seño Arabeli no
me tapa los riñones-
-Insomnio (mucho té)-
-Smack!-
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| 22-Diciembre-Lunes |
Nos levantamos muy pronto, recogemos
todo y vamos a desayunar. Yo voy con los ojos escocidos, ya que esta
noche me he quitado por primera vez las lentillas, tenía un
estuche en la bolsa de mano (por razones que luego tendrán
explicación) y lo rellené de agua, una cosa desesperada.
El café es malo-malo pero el té de menta es delicioso,
pagamos nos despedimos, fotos y agur. Antes de arrancar, uno de ellos
(el que tenía más pinta de liante) nos pide que le acerquemos
al pueblo y durante el camino nos intenta convencer por vigésimo
octava vez de que vayamos al Valleé du Draá, que su
familia tiene de todo y que nos hacen excursiones en camello y que
tal y cual, pero pasamos mucho, se le nota un huevo que se dedica
a esto.
Luego vamos al aeropuerto y no hay noticias de mi maleta, así
que nos vamos de compras al zoco (un estrés, todos te hablan)
y pillo camisetas (2), calcetines (2 pares) y gayumbos (2).
/Segundo asalto regateril/
Resultado--> Me vapulean.
Había pensado un máximo de 80, me rebajo subiendo
a 100 y me dan la estocada en 120MAD, el tendero empezó en
240MAD.
En esas, veo haciéndose el longuis al marroquí liante
del albergue, pero vestido de otra manera, cosa que me pone tenso.
Le voy y le saludo, él se resigna a haber sido descubierto
y nosotros pagamos y nos vamos rechazando la oferta del vendedor
de tomar un té. La seño supone sagazmente que el tema
del té es para proponerse como guía o vendernos algo
más. Después compro un cepillo de dientes, otro para
el pelo, suavizante y desodorante (103MAD) y nos vamos para una
sala de internet, en la que estimo que están unas 20 personas
conectadas (a juzgar por la velocidad de transmisión de datos)
con un módem miserable y oxidado.
Para acabar de comprar, líquido de lentillas y agua, y nos
lanzamos a correr aventuras a la ruta de las Mil Kasbahs.
La carretera está bastante bien, cogemos dirección
a Skoura y vamos disfrutando del paisaje y observando la multitud
de pequeñas kasbahs que aparecen a ambos lados. Vemos camellos,
burros...
Pasamos Skoura y comemos de camino en un restaurante de carretera,
un puré de verduras y tortillas de champiñón,
té y yogurt por 90MAD.
Llegamos a El-Kelaá M´Gouna, muy bonito y plagado de
kasbahs y los pasamos para luego ir a pernoctar a Boulmane Dadés,
donde hay un hammam (baño público) en el que pretendo
LIMPIARME los 40 kilos de roña que me circundan. El señor
que atiende en el hotel que elejimos es majo y se ofrece a compañarnos
a un hammam que conoce (ya que hay tres) y es lo de siempre, te
hueles que tiene comisión, que te está liando, pero
bueno... qué se le va a hacer. Antes me presta unas chanclas
y vamos a que me compre un bañador y una toalla. En la tienda
me sacan unos gayumbos de algodón de toda la vida, y me cuesta
un buen rato explicar que de eso ya tengo, que pensábamos
que hacía falta bañador. Toalla 120MAD. Yo ya no sé
qué hacer, si regatear o no, es difícil saber...
Vamos al hammam, la seño y yo nos separamos y entro temeroso
a un lugar idílico para que te peten el caquitas. Para tranquilizarme
me dan una pastilla de jabón. El sitio está casi vacío,
tiene unos vestuarios abiertos donde dejo la ropa. Un señor
me indica por dónde debo entrar y me guía hasta dentro,
ya que le confieso que no tengo ni pajolera idea de cómo
va esto. Pasamos un par de salas vacías en las que hace calorcito
y llegamos a una tercera y última, caliente, todas ellas
alicatadas y con desagüe central. Me da un cubo de plástico
con una jarra dentro y averiguo, observando al chaval que está
en la sala, que hay que llenar el cubo con agua caliente de una
bañera, templarla con un poco de fría de un grifo
y echársela uno por encima.
En el suelo hay charcos de otra gente que se haya lavado y veo al
chaval que echa un poco de agua en el suelo y se sienta a enjabonarse.
Yo digo que ni para el copón me siento en el suelo (lo digo
para mis adentros) y me enjabono de pie, todo estirado, con los
gayumbos y las chanclas. Pero al rato pienso que para andar con
escrúpulos mejor no haber entrado (¿no?), o mejor
no haber venido a este país, y me siento y tal. Ya estoy
tan agustito cuando entra un tipo flaco, con gayumbos que le quedan
grandes, que si bonjour, y me insta a que me tumbe bocabajo en el
suelo. Intuyo que es el masajista y procedo a poner la jeta en el
suelo, mientras imagino cientos de sucios pies llenos de hongos
y gusanos putrefactos supurantes pasando por ese preciso lugar en
el que descansa mi moflete.
Pero dejo de pensar en eso, sobretodo porque el tío me da
una tunda que la flipas con un guante de goma, arriba y abajo, rasca
que te rasca, que si estiro para aquí, que si estiro para
allá, vuelta paquí y vuelta pallá. Demasiado
placentero no es que sea, pero te deja nuevo. Luego me lanza dos
cubos en la cabeza y se va a por otro tío que le espera.
Como le he cogido el gusto a eso de los cubos en la cabeza, me quedo
un rato ahí sentado y tirándome agua, luego me peino
y a cambiarme. Le apoquino 20MAD al masajista, mas 7 en la entrada
por acceso al local y 10 por el jabón y un guante que me
prestaron.
La seño Arabeli me está esperando en el coche y me
cuenta que a ella también le han cepillado y nos regocijamos
yendo al centro a tomar un té, ya de noche.
Luego en el hotel, nos relajamos un rato en un salón y luego
nos sacan la cena arrimados a la hoguera de la chimenea con un par
de rosas en un jarroncito. Otro tajine de carne pero bueno-bueno,
el mejor de todos, las verduras están casi caramelizadas,
mmm.
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| 23-Diciembre-Martes |
Nos levantamos cuendo nos da el punto,
ya que no tenemos hora desde que, días atrás, se acabara
la batería de los móviles.
Pagamos todo y nos vamos a desayunar al centro, zumo, té, una
tortilla y pan con mantequilla y mermelada. Luego vamos a un zoco,
con puestos de todo tipo, a ver el ambiente. Pese a que nos abordan
varias veces, es mucho más relajado que en Ouarzazate y decidimos
comprar un cortauñas (parezco un águila, y no por el
corte de pelo) y un reloj despertador de Zidanne. 18MAD.
Llamamos al aeropuerto y no cogen, así que nos vamos hacia
el valle y las gargantas del Dades. En el cruce de salida del pueblo,
Bulmaine du Dades está siempre la policía y, en contra
de todo pronóstico, ¡no me paran nunca! Como soy turista,
ni caso, sólo paran a los marroquíes.
La carretera que entra en el valle está hecha un colador, hay
que ir despacio. Pasamos por unos paisajes espectaculares y cada vez
que nos ve alguien nos saluda, ya sea para instarnos a parar (y vendernos
algo, o pedir sin más) o por saludar solamente, pero el caso
es que nos saluda todo quisque. Los críos son los peores, hay
unos en concreto que fingen estar trabajando duro, llenando con una
pala los agujeros del suelo, y que nos paran con chulería (pero
unos mocosos) y nos piden un dirham, cosa que pasamos de hacer.
Vemos las Gorges du Dades que son bonitas, pero resultan mejores las
que hemos ido pasando. Llegamos hasta un punto y decidimos volver
para comer hacia la mitad de camino en un garito que tiene también
un puesto de artículos bereberes, donde nos enseñan
a hacernos un turbante y nos venden uno por 40MAD. Comemos un Tajine
de verduras y huevos estupendo y planeamos una caminata por una zona
de montañas que son como de barro. Nos indican una ruta y nos
echamos a caminar hasta que llegamos a un punto donde hay que cruzar
el río, pero sin puente. Ahí mismo hay un señor
que nos pregunta de dónde somos, españoles, que si es
muy bonito esto ¿verdad? y que se puede cruzar el río
un poco más allá (y echa a andar). Le seguimos y nos
percatamos de que nos quiere guiar y sacarse unos dirhams, pero no
hay manera de que pille las indirectas. Al final le dice la seño
que gracias por la indicación pero que no es necesario que
se tome la molestia, que podemos seguir solos y funciona, se pira.
Cruzamos el río por el puente, un tronco de pacotilla tumbado
del que me imagino cayendo, mojando la única ropa que tengo
(la demás se la estará poniendo el cabrón que
tenga mi maleta, ya me lo veo con mis gayumbos punto blanco y el frontal,
con dos chicas y haciendo una fiesta con mi afeitadora y los condones)
pero pasamos sanos y salvos. Otra vez llegamos a un sitio sin salida
y mientras buscamos el camino aparece un tío de la nada y dice
que por aquí. Yo pienso, otro que tal, a este no le dejo liarnos,
¡y es imposible! No hay manera de nos deje y resulta violento
decirle que te deje en paz porque no dice que te quiere guiar, se
hace el distraído. Pero bueno, al final lo conseguimos.
La seño se peta porque la llevo por caminos de cabras y al
final llegamos a una kasbah en ruinas, muy bonita al atardecer, en
la que nada más llegar nos salen dos niños que se presenta
formalmente y proceden a no despegarse de nosotros en el mismo plan
que los demás. Yo paso de ellos, pero la seño les da
cancha y nos guían de vuelta, que conocen otro “puente”
que resulta ser incluso más estrecho que el otro. Luego nos
enseñan el pueblillo (ni idea de cómo se llama, no aparece
en el mapa y aquí no ponen nombres a nada, ni en los pueblos,
ni en las calles...) que es muy chulo, además la gente cuando
vas andando te mira diferente a cuando vas en coche, mucho mejor.
Luego les invitamos a una fanta en una bar y se la gozan viendo cómo
la gente les mira con admiración por estar con nosotros y charlamos
un poco. Al irnos, el más joven y avispado nos pide 10MAD por
cada uno y no, la seño dice que les invita al refresco y cuela.
De vuelta al coche, caminamos un rato con unas mujeres que no hablan
nada más que árabe, como casi todas, y al cabo de un
rato nos dan a entender que la seño debería taparse
el pelo como ellas, que la ven descocada pese a que va tapadita y
de negro. Nos atardece de camino, cogemos el coche y decidimos llegar
hasta las Gorges du Todra del tirón y de noche. En Tinerhir
sacamos pasta y tras coger el camino hacia las gargantas, a 9 km,
nos alojamos en el Auberge de l´atlas, donde nos hacen un Tajine
de verduras y huevos (tortilla berber), unas hamburguesas y plato
de patatas frita enorme, un gato nos da la brasa de manera exagerada,
ducha y ZZZZZ
P.D.: El reloj de Zidanne mete un ruido de la leche.
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| 24-Diciembre-Miércoles |
| Nota: Ayer, tras pegarme todo la
tarde con el turbante a lo Lawrence de Arabia, se me quedó
la cabeza azul ya que ese trapo destiñe como él solo.
Nos preparamos, desayunamos y vamos hacia las cercanas Gorges du
Todra, de camino les compramos a unos niños un coche muy
currado, hecho con hojas y vemos un estanque con peces sagrados
que son sagrados (nos explican) por llevar mucho tiempo siéndolo.
También intento comprar un carrete de fotos, pero el tendero
no tiene la llave de la estantería y no puede ser...
Nos adentramos en el Todra y las paredes van apareciendo grandiosas
a los lados. Cruzamos la garganta con el coche boquiabiertos y saludamos
a las cabras y a los pastores, a los comisionistas no. A la vuelta
paramos para hablar con unos escaladores vascos y nos subimos una
montaña. Palizón.
Luego comemos en un garito turístico a las tantas y nos dirigimos
a Goulmina, pero ya de noche y en mitad de la nada se nos estropea
el coche, no se puede acelerar pero no se para, así que seguimos
con la esperanza de llegar a un área poblada ya que no tenemos
móviles. En efecto, el coche aguanta y llegamos a Aït
Aissa Oubrahim donde paramos cerca de una gasolinera. Allí
vamos a llamar a la agencia (son las 18:30 aunque sea de noche)
y unos hombres que están allí se manifiestan dispuestos
a ayudarnos. Nosotros estamos un poco preocupados pero les dejamos
hablar con los de la agencia y resulta que ¡había que
reiniciar el coche! Por un problema eléctrico, un seguro
antirrobo raro del coche había saltado bloqueando el acelerador
y con sólo cerrarlo y abrirlo con la llave, se arregla.
Esto nos colma de satisfacción y Zouhair nos invita a su
casa a dormir para más inri. Como tiene cara de majo y legal
aceptamos su oferta y vamos a una casa muy humilde, a medio construir,
que es de su hermano Mohamed y Kadija, su esposa, que tienen un
hijo y una hija, Sofía. Entre té y té va llegando
la familia, conocemos a los ancianos bereberes y a un hermano de
Kadija. Estos dos últimos son de piel clara, ojos azules
y pelo castaño claro, rasgos bereberes muy distintos al tipo
árabe que conocemos. Son encantadores y muy hospitalarios,
nos dan una ahrir (en bereber, sopa) y un tajine muy bueno, lo sacan
a la mesa y lo comemos todos con la mano, con pan. Beben compartiendo
el mismo vaso, pero nosotros nos escaqueamos de beber por aquello
de las enfermedades del agua. Nos dejan unas zapatillas de andar
por casa (sus zapatillas, quedándose ellos descalzos) y nos
dan un cubo de agua caliente para lavarnos los pies, ya que no tienen
agua corriente. La casa está a medio terminar porque Mohamed
es actor, con estudios universitarios y no tienen curro, cosa que
le reeprende Kadija. El chico que nos ayudó con el coche,
Zouahir, es intérprete y sabe mucho inglés, ha currado
en Ouarzazate en los estudio cinematográficos. Nos ofrece
alojamiento en Ouarzazate cuando le decimos que pasaremos por allí
ya que el estará allí currando en dos dias. Jugamos
a la pelota en la casa, descalzos y es un descojone.
Nos preparan una cama en una habitación sin terminar y tras
charlar un rato nos acostamos. Después de un rato, nos trae
Mohamed una manta más, ésta con cuelgues metálicos
y sospechamos que pueda ser para que no hagamos cous-cous (como
le llamaba un marroquí en Aït Benhaddou), ya que haría
ruido.
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| 25-Diciembre-Jueves |
Nos levantamos antes que los demás,
salvo Kadija que ya está en la cocina, que es absolutamente
básica. Usa el suelo como mesa de trabajo, amasa pan y no emplea
casi utensilios, sólo un cuchillo y sus manos. Nos enseña
a hacer el desayuno, pan relleno riquísimo, cuyo nombre sonaba
agrum tefent. Se van levantando todos, los ancianos han dormido en
el salón, en esos sofás adosados a la pared tan característicos.
Hablamos mucho y nos pintan las manos con henna bereber. Es divertido,
te tienes que pasar la mañana entera con bolsas de plástico
en las manos. Además resulta que hay que mover el coche porque
molesta en la gasolinera, cosa de la que me encargo yo porque tengo
las manos menos envueltas, pero con grandes dificultades. Luego pagamos
la compra de la comida (nos han convencido de quedarnos a comer) y
tomamos nota de cómo hacer couscous. Es complicado redactar
la receta ya que Kadija no habla mas que bereber y árabe, pero
la seño ha hecho grandes avances con el árabe y pilla
casi todo.
Luego comemos todos en el suelo, alrededor de una mesita con la perola
del couscous en el medio, algunos con la mano y otros con cucharas
que sacan en nuestro honor, en un ambiente distendido (y bastante
guarrete). Se hace duro cambiar toda una vida de escrúpulos
y buenos modos en un momento, el anciano bereber coge el papeo con
la mano, come lo que le cabe en la boca y el resto lo tira a la perola,
el niño escupe constantemente y uno se suena los mocos al estilo
libre. Pero vaya, yo ya estoy integrado que te cagas y casi ni me
entero.
Me han regalado una chilaba cuando les he dicho que me perdieron la
maleta y eso que a esta gente no les sobra nada de nada. Nos hacemos
unas fotos (lo piden) y les prometemos mandarles unas copias. Tras
tantear un poco a ver si aceptarían que correspondieramos su
hospitalidad, cosa que dicen que no, nos despedimos entristecidos
y extrañados de un altruísmo tan auténtico.
Tiramos millas hacia Errachidia, lo pasamos de largo y entramos en
el Valleé du Ziz en dirección Rich. Pasamos otro control
de policía en el que no me paran pese a haberme visto de sobra
las greñas y la cara de porreta que tengo, esto es el paraíso.
Atardece de camino, al pasar por un embalse enorme y las vistas son
muy chulas. Ya de noche pillamos habitación en un hotel vacío
(como todos hasta ahora, y todos dicen ayer había aquí
un montón de clientes, 35 italianos y mañana seguro
que estamos llenos...). Nos pegamos una ducha impresionante y cenamos,
tras lo cual viene el jefe del hotel que antes no estaba y nos da
palique. Le compramos un paquete de viaje para el dia siguiente en
el Sahara, un guía por 100-150MAD y un paseo a camello hasta
un campamento en las dunas con cena 250MAD cada uno.
Luego tenemos una conversación bastante tensa cuando el muy
caradura intenta decirnos que sus emplados se equivocaron al darnos
la tarifa y que le paguemos más.
/Tercer asalto regateril/
Resultado--> Le doy para el pelo. Ni flowers, no le dejo que
nos cobre ni el agua, cosa que intenta.
Luego con los muchachos (y antes con él) le zurramos a un
Djembé africano que tienen ahí y pasamos un rato divertido.
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